Los Estilos Internos de Kung Fu

Los sistemas de artes marciales chinos pueden clasificarse en estilos externos (wei -chia) y estilos internos (nei-hia).
Ambas corrientes marciales tienen en común que proceden de la misma raíz: la autodefensa, ya que ésa es la razón de su nacimiento y existencia. La gran diferencia está en que los estilos internos se basan totalmente en los postulados de la filosofía taoísta y procuran potenciar el uso de la energía interna (Chi); mientras que los estilos externos están influenciados por el sentir budista y su eficacia se basa en el uso de la fuerza muscular (Lik) y en la rapidez (aunque unos pocos fusionan las dos corrientes filosóficas). En el terreno práctico vemos que aquellos estudiantes que siguen las pautas taoístas (y los sistemas internos) logran vencer fácilmente a sus adversarios armonizándose con ellos , con sus movimientos ofensivos, y equilibrando el combate, esto es, ante la fuerza un combatiente de un sistema interno no enfrentará la fuerza, sino que enfrentará la debilidad : la esquiva y el desequilibrio; mientras que los adeptos a los sistemas externos enfrentarán la fuerza con la fuerza y la dureza: el bloqueo y el golpe.
Una ventaja añadida de los sistemas internos es que sus practicantes pueden defenderse con facilidad durante toda su vida, el motivo es el ya comentado de usar muy poca fuerza física y hallar la potencia de los movimientos en su dinámica; por contra, en los sistemas externos la pérdida de la fuerza física con la edad hace que también decline la efectividad de las técnicas. La desventaja de los sistemas internos con respecto a los externos es que se tarda muchísimo más tiempo es ser plenamente efectivo en combate y la autodefensa.

Además de ser perfectos sistemas autodefensivos, los estilos internos también constituyen un eficaz sistema de autocontrol, concentración y meditación en movimiento, así como un generador de vitalidad y salud.
Los llamados sistemas internos de Kung-Fu son principalmente tres: el Tai Chi Ch’uan, el Pa Kua y el Hsing-I. También existe un sistema marcial que es una combinación técnica de estos tres estilos internos que es llamado Li Ho Pa Fa, y que se enseña generalmente a personas que ya dominan cualquiera de los tres sistemas base (Tai Chi, Pa Kua y Hsing-I) pues de esta manera pueden comprender mejor la esencia del sistema (que es derivación, como ya digo, de los tres sistemas base) Y podrán mezclar con mayor habilidad y eficacia las técnicas de los tres estilos.
Si bien lo anteriormente expuesto es cierto, hay que reconocer que en muchos estilos chinos también se estudia la técnica interna para fusionarla con la técnica externa (dura) y, de esta forma, potenciar la eficacia de los movimientos técnicos: desplazamientos, esquivas, bloqueos, golpes, etc.
En estos estilos existe un apartado en el que la sinuosidad, la flexibilidad, la armonía, la relajación… del movimiento es primordial para que la técnica funcione de forma exponencial y, aunque los bloqueos y golpes sean técnicamente de boxeo duro, la forma de ejecutarlos es con técnica suave, realizando los golpes de forma relajada y explosiva.
Entre los estilos externos en los que existe un apartado interno destaco los siguientes : Choy Li Fut, Ming Ch’uan Chai Ti, Chui Ch’uan… Pero ahora hablemos de los estilos internos puros: Tai Chi Ch’uan, Pa Kua y Hsing-I, y de sus características comunes.
Por otra parte, también hay que destacar que aunque en la actualidad sólo existen tres estilos internos, en la antigüedad existían muchos estilos más que se han perdido en el tiempo. Entre ellos se tienen referencias históricas de los siguientes: el Wu Tang Pai, el Lo Han Kuen, el Tzu Fa Men
Los Beneficios
Los estilos internos buscan, además de una perfecta autodefensa de sus practicantes, la salud de éstos, comprobándose que la práctica continuada de estos estilos influye en la calidad de vida de sus practicantes, ya que a través de la coordinación de la respiración, el movimiento y la concentración mental, adquirirán y mantendrán de por vida (si es que no dejan de entrenar diariamente) fuerza, resistencia, equilibrio, flexibilidad, agilidad… y, sobre todo, una vitalidad que no tendrían sin el entrenamiento. Logran así un perfecto equilibrio y armonía entre la salud física, la mental y la espiritual. Más concretamente, se ha demostrado en diversos estudios que con la práctica continuada de los sistemas internos se logran obtener los siguientes beneficios:
Corporales:
• Se mejora la elasticidad de músculos y ligamentos, con lo que el tono muscular se potencia y fortalece , y además se amplia el índice de flexibilidad de las articulaciones, al tiempo que sus superficies cartilaginosas se mantienen más sanas.
• Al tonificar los músculos se fortalece el corazón, con lo que se estimula el sistema cardiovascular y, con ello, la presión sanguínea se regulariza y potencia. Por ello también es excelente como método de  recuperación en pacientes afectados por enfermedades cardíacas.
• También se mejoran el sistema respiratorio y el linfático, fortaleciendo los pulmones, mejorando con ello la respiración, y la salud de los órganos internos se incrementa.
• Estimula el sistema nervioso central y periférico, agudizando los sentidos e incrementando los reflejos y la velocidad de respuesta, acelerando la interacción estímulo/respuesta.
• Estimula, asimismo, la comunicación sináptica entre ambos hemisferios cerebrales, logrando una mayor coordinación y equilibrio entre el lado derecho y el izquierdo del cuerpo y, con ello, logrando un  ambidextrismo que antes no se poseía.
Mentales:
• Origina una calma del sistema nervioso, que produce una claridad mental en situaciones de tensión mental donde normalmente no se tiene.
• Al relajar la mente y tener una mayor claridad mental, la agresividad se atenúa, al tiempo que hay una descarga del estrés cotidiano.
• Por otro lado, podemos observar una paulatina desaparición de cefaleas, jaquecas, depresiones y toda clase de trastornos mentales y/o cerebrales, gracias a la relajación mental.
Espirituales/energéticas.
• Conseguimos un sentimiento de placidez, de profunda paz interior, de intensa calma mental, y con ello lograremos un aumento de la sensibilidad corpórea, con lo que al comprender mejor a nuestro cuerpo y saber cómo funciona y hasta qué límites llega, podemos usarlo de forma más provechosa. Se logra con ello una armonía entre mente y cuerpo.
• Nos enseña a ser receptivos, con lo que se incrementa la sensibilidad exterior y podremos ser más eficaces en una situación peligrosa.
• Los sistemas respiratorios que se usan en los estilos internos estimulan el flujo de la energía interna (Chi), logrando una serie de acontecimientos que sin una educación del Chi no se podrían conseguir, y que a ojos de un profano pudieran parecer sobrehumanas (ejemplo: control del dolor en situaciones externas, cierta  invunerabilidad a ciertos golpes, inmovilidad ante una fuerza externa, etc).
F. Javier Hernández

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